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Vicisitudes de un edificio

Jueves 15 julio, 2010


Jorge Grané 
La Nación, Costa Rica 
 
La reciente noticia sobre la posible compra de un insípido edificio de oficinas para “acomodar” en él a la Asamblea Legislativa ha provocado sorpresa general.
 
El hecho en sí puede ser visto desde diferentes ángulos y provocar diversas reflexiones. No es cosa de ahora que decisiones como estas se tomen a la ligera, o de urgencia, impulsadas por la incertidumbre de los funcionarios.
 
Ya la actual sede de la Asamblea empezó mal cuando ocupó el edificio que el arquitecto José María Barrantes diseñara en 1939 como Casa Presidencial. Dice Carlos Altezor, refiriéndose al edificio, en su libro, Arquitectura urbana en Costa Rica que “en otras partes de América se recurre al neoclacisismo para simbolizar el poder del Estado”, y que “En Costa Rica, en cambio, las expresiones derivadas de lo hispanoamericano se consideran un estilo que expresa la tradición y el alma nacional”.
 
En Cuesta de Moras, la actual Asamblea se adaptó, como pudo, al edificio diseñado como Casa Presidencial y, al poco tiempo, aparecieron los problemas de falta de espacio que debieron ser subsanados ocupando construcciones vecinas que, a la postre, resultaron insalubres' La perentoria orden de desalojo, en salvaguarda de la salud de los diputados, los enfrentó a una decisión que muchas veces antes debieron resolver, sin resultados concretos.
 
Cincuenta años atrás se presupuestó la suma para la construcción del edificio de la Asamblea Legislativa en las inmediaciones del Parque Nacional, iniciativa que, como varias otras posteriores, quedó relegada en la agenda política de las pasadas administraciones.
 
Dejar para después, no reconocer su necesidad e importancia o no dar seguimiento a los proyectos, fue el pecado de los señores asambleistas, de ahora y de antes, que los lleva a recurrir a una solución apresurada e impropia.