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Vivir de prestado

Miércoles 08 septiembre, 2010


José Valencia
Diario La Prensa, Honduras

Cuando termina la época de vacaciones en el hemisferio norte las grandes fábricas y las microempresas, las largas filas de automóviles, los ascensores y las computadoras, las cosechadoras y los molinos deberían detenerse. Todos los procesos productivos de la humanidad deberían permanecer cerrados hasta fin de año. Pero no sólo eso: correspondería también apagar los ventiladores, la tele, las planchas y las cafeteras, las aspiradoras y las lavadoras, porque el sábado 21 de agosto, la humanidad agotó el presupuesto ecológico correspondiente a 2010.

La Red Global de la Huella Ecológica ha calculado que llegamos a consumir el sábado antepasado el 100% de la energía y las materias primas que la naturaleza podría haber renovado durante los 12 meses de 2010. Por ello, de aquí hasta el 31 de diciembre consumiremos más de lo que la Tierra podría regenerar en este año; es decir que viviremos del crédito del medioambiente, minaremos el patrimonio acumulado desde la creación del planeta e, incluso, podríamos dejar a la larga inhabilitados los procesos de reposición de la biosfera.

A primera vista, estamos en un callejón sin salida. Es impracticable la inmediata suspensión de los procesos productivos y detener la vida cotidiana de miles de millones de seres humanos. Aunque nuestras conductas carcoman el patrimonio natural, aporten al calentamiento global y destruyan la biodiversidad, detenerlas en seco provocaría un colapso generalizado. Pero tampoco podemos continuar existiendo al tenor de la tragedia clásica: vislumbrar que el drama conduce a un desenlace desventurado y no hacer nada para sortearlo.

Un problema complejo como el que encaramos exige la revisión de los procesos productivos, los valores políticos y culturales y las estructuras sociales. Pero en la base de todo está, por supuesto, la producción económica: qué producir, cómo hacerlo y, en particular, con qué recursos energéticos.

Si mañana disminuyeran los ingresos por la desaceleración económica, una persona de los países ricos seguiría viviendo con un estándar superior a una persona promedio del mundo en desarrollo (no es posible siquiera considerar en la ecuación a quienes están bajo el umbral de la pobreza, sin medios suficientes de ingreso). Pero ¿quién puede persuadir a una sociedad habituada al consumo creciente a que voluntariamente lo restrinja?

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