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Yo no fui, fue teté

Lunes 06 febrero, 2012


Nuria Marín
La República, Costa Rica

No quisiera estar en los zapatos de los encargados de las 215 armas recién robadas de una bodega de la Dirección de Tránsito, si alguna de estas es utilizada para ocasionar la muerte o lesiones a inocentes ciudadanos costarricenses.

Las autoridades públicas llamadas a defendernos frente a la violencia y ante la cada vez más preocupante inseguridad ciudadana, se han convertido, gracias a la que pareciera una larga cadena de errores, en un facilitador para que de la noche a la mañana cientos de pistolas queden a disposición y merced de la delincuencia o del crimen organizado de nuestro país. Frente a esta realidad, ¿quién podrá protegernos?

Pese a que todo huele a gato casero, como costarricense, quisiera pensar que se trata de un terrible caso de impericia y negligencia inteligentemente aprovechada por los delincuentes, sin embargo, no podemos tampoco tapar el sol con un dedo, y llama poderosamente la atención del por qué pese a haber otro tipo de activos (armas, chalecos antibalas, municiones) se concentraron en las populares pistolas Glock.

Sin ser una experta en armamentos, pero sí con experiencia empresarial y organizacional, sobra decir que faltaron los más mínimos procedimientos de cuidado, control, custodia y fiscalización de activos, que tratándose como en este caso de bienes sensibles o peligrosos debe contar además con una serie de protocolos mucho más rigurosos.

Nada de eso se cumplió en este caso. Uno de los responsables indicó, palabras más o menos, a un medio de comunicación que sí se cumplen las recomendaciones del Ministerio de Seguridad Pública, excepto en el caso de las armas robadas, porque estas estaban en otra bodega. Sin palabras…

Tan lamentables hechos han sido acompañados con otro sainete: el traslado de culpas de unos a otros en el que nadie asume responsabilidad. Por una parte, el MOPT y la Dirección de Tránsito señalan a la empresa privada y esta se sacude y dice haber cumplido a cabalidad los términos de su contrato. Me recuerda un juego de mi niñez… “yo no fui, fue teté.”

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